Elvira Elias, una señora de Arenys.

Estas últimas semanas he tenido abandonados estos escritos por varios motivos. Uno de ellos ha sido por que mi vida ha girado últimamente en torno a la población marinera de Arenys de Mar por culpa de la organización de un evento con los amigos de GironaUrbansketchers y otros temas más personales. Tantos encuentros y desencuentros con la “Sinera” de Salvador Espriu me han hecho redescubrir una ilustradora que siempre corría por la vieja casona familiar a través de Cavall Fort y de cuentos que teníamos en cajas que no recordaba.

En esta época en la que las Flavita Banana, Pilarín Bayés, Ana Juan, la colorista internacional Marta Martinez, Marta Bru, Inma Otero, Melanie Rein o Carla Berrocal son tan habituales, aparentemente ya no nos sorprende ver a una mujer que se dediqué al dibujo profesionalmente en cualquier ámbito y puede que incluso sea considerado una profesión para mujeres por ciertos sectores que prefiero no mencionar (“esos dibujitos tan femeninos y monos“) por asco.

Esto no ha sido siempre así y aquí querría hablar de una gran dibujante, un poco injustamente olvidada por la historia de la cultura gráfica del país.

Elvira Elias, muchas veces a la sombra de Mercé Llimona, apartada del mundo por elección propia para atender a su familia en ese maravilloso pueblo del Maresme, fue una autora de poca fama pero que circulaba por muchos hogares a través de dibujos que han formado el imaginario gráfico de un tiempo que nos parece muy remoto en la actualidad. Una época de república color esperanza y teñida de sangre, de franquismo negro, de exilios rosados y marrones y una posguerra catolicista muy gris en la que solo el “macho heterosexual” (no había otro, por supuesto) podía salir de casa a trabajar. Mientras tanto las mujeres se dedicaban a sus “labores”. En esos momentos Elvira dibujaba y publicaba en silencio, con un estilo que hoy nos puede parecer caduco y anticuado, incluso edulcorado y cursi. Y también cuidaba a su familia y, a su manera, mantenía la tradición familiar. Su mismo padre, el dibujante Feliu Elias “Apa”, eclipsó su posible fama, siendo siempre la hija del dibujante. No hablaré de su obra, la podéis encontrar en internet o las bibliotecas. Aquí os he dejado unos ejemplos.

He buscado entre diversas bibliografías sobre dibujantes españoles o catalanes del siglo XX  y, aparte de que he encontrado poca mención a mujeres, solo unas pocas líneas me han hablado de ella. El libro “El Dibuix a Catalunya” no nombra ni a una sola mujer, por ejemplo.

Hace ya mucho tiempo tuve ocasión de tener una desafortunada discusión con Carla Berrocal sobre feminismo y dibujantes. Yo le argumentaba que tenía la impresión de que era un tema ya superado ya que siempre he estado rodeado de mujeres en mi ámbito profesional sin distinción de sexos y he crecido además en un ambiente muy libertario supuestamente. Ella se enfadó y me dijo que aún se vivía esta discriminación en la industria gráfica y que ella la había sufrido en sus propias carnes por ser mujer y por su condición sexual. Claro, mi visión era la políticamente correcta gayfriendly europea sin darme cuenta. No pensaba en lo que pasa en África ni en los maltratos de género ni en tantas otras cosas, tan injustamente diarias y tácitas, como el recoger una mesa o planchar la ropa que aún siguen siendo “cosa de mujeres” por poner un caso más cercano.

Desgraciadamente he de darle la razón a Carla. Después de volverme a encontrar a esta gran señora y sus dibujos lo he visto muy claro. Murió hace un par de años, únicamente recordada en su pueblo natal con una genial exposición de su obra, cedida al ayuntamiento de Arenys en su parte. Sé que se está gestando una biografía, pero eso es otro tema que no voy a descubrir. He reflexionado que la misma APIC catalana tiene el Premio Junceda y no el Premio Elvira Elias o Pilarín Bayés por ejemplo. Pilarín, no sufras, espero que nos dures muchos años más y sigas siendo la “tieta” que todos los que amamos esto del lápiz, papel y el color quisiéramos tener.

Hemos avanzado, pero no tanto. Y desgraciadamente, me temo que nuestro sector es de los menos perjudicados en este sentido. Mis más sinceras disculpas, Carla y sirva este post como un acto de desagravio. Mientras tanto, disfrutad con los  dibujos “vintage” de Elvira Elias que sin duda muchos y muchas tendréis como recortes de la abuela y cosas así.

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